Muchos de nosotros nos la pasamos probando y experimentando, buscando un sonido, un tono que nos defina y exprese lo que queremos transmitir a través de las cuerdas. Efectos y procesadores, guitarras, pastillas, amplificadores, cables…. parece una empresa interminable que además es sumamente costosa.
La mercadotecnia y los gigantescos racks con módulos y módulos de procesadores y efectos que nos muestran los medios, nos invitan a seguir ese camino, a llenar nuestros rifs de matices y envolventes adicionales. No dejan de ser eso, una envolvente, una modificación del verdadero tono original, del tono personal.
Me declaro adicto a la tecnología, sí en verdad lo soy, gusto mucho de cambiar y actualizar constantemente mi infraestructura. En software o hardware, no hay diferencia; he jugado con emuladores y con “carritos” individuales; con conectores y adaptadores. En cuánto a los instrumentos, también disfruto mucho de ellos, de su sonido, de su textura, son una excelente compañía junto con un café o una chela, en el sofá, simplemente rasgando las cuerdas dejando que mis manos se mezclen entre cuerdas y trastes.
Sin embargo hay una constante, cada vez que instalo algo nuevo o me enchufo a otro amplificador, extraño el tono de ayer. Es decir de una u otra forma configuro para que el sonido de mi lira permanezca en ciertos rangos de volumen, de saturación, de envolventes y de frecuencias. Es como poner en sintonía lo que sale de los altavoces con lo que percibe el oído y mi cuerpo. De la misma manera ¿qué define cuánto fuzz o cuánto delay debe llevar el tono final?, me parece que eso se define en una compleja mezcla de receptores, en un sistema en el que nuestro cuerpo entra en resonancia con las señales audibles. En cuántas ocasiones la profundidad de un flanger no nos ha llevado incluso a sensaciones de molestia y de incomodidad.
Además, cada modificación conlleva siempre a una mayor inversión, si no es un cable de interconexión es la capacidad en la fuente de poder, o simplemente un espacio en el multicontactos.
Últimamente me he dedicado a experimentar con cambios que no involucren más tecnología. Durante años utilicé cuerdas de poco diámetro, 9’s. Me sentía cómodo con ellas y su durabilidad era considerablemente buena (las 8’s no me funcionaron ya que la primera se rompía con mucha frecuencia). Es muy cómodo ese arreglo de cuerdas, son muy suaves por lo que la fatiga en los dedos es mucho menor, consienten tus manos. Sin embargo empecé a utilizar 10’s, hay diferencia en el tacto, se alcanza a percibir el cambio en el tamaño pero continúa relativamente suave. Elongar una cuerda no representa mayor reto, el cambio no es tanto pero la fatiga es mayor y el dedo de apoyo cumple su función. Al final tendrás mayor fuerza y agilidad en la mano. En el sonido el cambio es muy perceptible, se vuelve más rico, con mayor textura, se percibe con un mayor rango y presencia en frecuencias medias. Lo anterior me animó e instalé también unas 11’s, me gustó más que la 10´s, potencializa y enriquece aún más el sonido. Así mismo es más difícil salir de tono al presionar de más la cuerda, permanece mejor afinada y dado que la vibración es menor puedes bajar un poco la altura de las cuerdas. Ninguna de mis guitarras tiene 9´s ahora, están en 10’s y 11’s, el último será el calibre en el que configuraré todas. Tuve que ajustar el puente y octavar nuevamente cada guitarra, pero el cambio vale la pena.
El calibre de la cuerda me llevó a cambiar plumillas, ahora son más gruesas, proporcionan un mejor ataque y un sonido más definido. La fuerza sobre la cuerda aumenta así que su vibración se recibe mejor en los embobinados lo que resulta en un mayor nivel de energía y volumen.
La altura de las pastillas también es una variable que podemos ajustar, la intensidad con la que se capturan las señales electromagnéticas en las pastillas cambia al aproximarlas o alejarlas de la cuerda, asimismo permite nivelar la cantidad de electrones que emiten las pastillas del puente, media o del cuello.
También me he enfocado en hacer más expresivos mis dedos, dar más énfasis a los efectos de vibrato que uno mismo puede provocar, jalar la cuerda para cambios de nota en lugar de desplazase uno o dos trastes. Son técnicas que si bien conocía utilizaba poco, las estoy incorporando cada vez más en las interpretaciones en directo. Me parece que en esos momentos debe dejarse fluir la emoción y la adrenalina para ser más expresivo, hacer más rico el tono de tu guitarra en el escenario. El público no sabe que nota sigue, no sabe qué movimiento vas a dar, lo que siente es lo que tú expreses, qué tanto los haces vibrar.








