lunes, 30 de mayo de 2011

Los primeros ensayos

Manuel y Hollow Kid
El compromiso era sencillo, vernos los jueves (19 hrs.) y domingos (10 hrs.), en Coyoacán,  casa de la madre de Manuel. La primera vez  me llevé la Les Paul y la pedalera. Ahí el Hollow Kid me  prestó su amplificador, un Crate V32 tipo combo de bulbos que suena muy bien pero cuidado con los controles, su temperatura se eleva demasiado después de un rato de uso. Encendimos, nivelamos y le pegamos un rato. Ahí conocí a Miguel Bencomo y Nico Raibak, el primero a cargo del bajo, el segundo en la guitarra. Ambos muy jóvenes, digo no es que me sienta viejo pero la diferencia de edades entre los miembros del grupo es fuerte. Eso de alguna forma nutre pero también acarrea problemas intrínsecos, conflictos e intereses personales.

Con Manuel y con José fue un reencuentro. La batería ahora suena madura, contundente, José dejó el bajo y ahora se enfoca en su voz, en la proyección de la banda, en la interacción y actuación ante la audiencia.

No llegué en ceros, el Hollow Kid me había proporcionado las maquetas de las canciones, no estaban concluidas, aún faltaba mucho por hacer y más bien me dediqué a escuchar y tratar de acoplarme con algunas figuras. Empezamos con Infierno, una muy buena rola, fuerte, con identidad propia. Prácticamente la figura que realicé en ese momento quedó plasmada en el disco. 

Así le debimos haber dado a un par de canciones más, las dos horas de ensayo pasaron de volada, faltó más, me faltó tiempo, era el primer ensayo.

Silencio.... nadie dijo nada.... me sentí bien, mejor de lo que esperaba, aún seguía torpe, sin práctica, sin esos movimientos naturales en los que casi por reflejo se logra alcanzar los potenciómetros y pedales. Al despedirnos, "nos vemos el domingo" me hizo sentir dentro de la banda.

Poco a poco me fui integrando, era un invitado. Mi posición no estaba del todo definida, llegué tímido y con la impresión de que mis sonidos serían más de acompañamiento, Nico  es un excelente interprete, tiene muy buen toque, sus solos son muy buenos, impregnados de un sonido blusero...rocanrolero. Sus acordes y acompañamientos tienen mucho ataque, de metal.

Sin embargo encontramos un lugar cada uno de nosotros, empecé a hacer lo que me sale, figuras mayormente melódicas que se entrelazan entre la voz y los matices del bajo y la batería. Figuras con fuerza y para dar un sustento sólido a las estrofas y con mayor soltura y armonías durante coros y estribillos. La mayoría de los solos se los dejé a Nico salvo aquéllos que así, de la nada me salieron como melodías más que como una explosión de notas, escalas e improvisación.  

No es fácil integrar dos guitarras, no es fácil compartir ese espacio, hay que trabajarlo mucho. El potencial es enorme cuando se logra entablar un diálogo, confianza y apoyo de ambos lados.

Así inició esta etapa de Hueco, así arrancó el ensamble de  Medusa o de los amores terribles.


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